Revista La Rana
Critica del degüello (fragmento)

por Nicolás Magaril


    Se podría decir, citando mal a Viñas, que la literatura argentina emerge alrededor de la metáfora del degüello. No por el "cajetilla" de El matadero, que prefiere el degüello al vejamen sexual, hasta que al final explota de rabia, sino por el chico que, mezclado entre la chusma y las mulatas, mira como en un juego la escena que se desarrolla en el corral. Unos gauchos están intentando mover a un toro empacado en el barro, azuzándolo y picaneándole la cola. Se afloja el lazo y el toro arremete "lanzando a entrambos lados una rojiza y fosfórica mirada". El lazador suelta el lazo, que se sale del asta pegando un zumbido en el aire. Al mismo tiempo, sin apurar el énfasis ni la bizarría, se informa que "se vio rodar desde lo alto de una horqueta del corral, como si un golpe de hacha lo hubiese dividido a cercén, una cabeza de niño cuyo tronco permaneció inmóvil sobre su caballo de palo, lanzando por cada arteria un largo chorro de sangre". Es llamativa la normalidad de esa escena desquiciante. El "muchacho degollado por el lazo" empieza el relato más acá del cual se produce la historia del degüello faccioso y funciona como un emblema ominoso del "espantable realismo" del que habló Calixto Oyuela. Después Matasiete lo desjarreta al toro, le hunde la daga "hasta el puño en la garganta" y se adjudica el matambre. Pero el matambre de toro, explica Echeverría en su "Apología del matambre", "rechaza al más bien engastado y fornido diente, mientras que el de un joven novillo, sobre todo el de vaca, se deja mascar y comer por dientecitos de poca monta".
    Un arquetipo atroz del inconsciente literario argentino conecta el degüello con la infancia y va de "El matadero" a "La gallina degollada". Menos por el desenlace sangriento de este último que por la escena previa, cuando la causalidad es inexorable en la mentalidad ofuscada de los cuatro hermanos idiotas que miran, sentados en el banco del patio de la casa, "cómo en puntas de pie [Bertita, la hermana menor, subida a un cajón de kerosén] apoyaba la garganta sobre la cresta del cerco".
    El degüello como escarmiento tuvo un lugar destacado. El de Francisco Ramírez, perpetrado el 10 de julio de 1821, resume una trama de sediciones, sobornos y defecciones entre líderes de la ciudad-puerto, el litoral y la patria grande. El hecho es que su cabeza fue enviada en un estuche a Estanislao López, que dio parte al gobernador de Buenos Aires en estos términos: "La heroica Santa Fe, ayudada por el Alto y aliadas provincias, ha cortado en guerra franca la cabeza del Holofernes americano". La noción de "guerra franca" es significativa a propósito de lo que será la "guerra de policía" mitrista. También es curiosa la referencia bíblica de López: no habría en el caso de Ramírez una Judith nativa, ni algo como la "Dalila criolla" que decía Groussac que traicionó al matrero Calandria, sino todo lo contrario. Lugones le dedicó los tres primeros Romances del Río Seco: "Le cortaron la cabeza / que es lo que voy a contar, / cerca del pueblo llamado / San Francisco del Chañar". El tema venía a cuento por haber intervenido la localidad de Río Seco en algún momento y haber sido el coronel Bedoya, cordobés, el que mandó en la operación. La historia la refiere un criollo experto en la estrofa octosilábica: "Viera que linda mozada, / curtida en tanta refriega". Se narra la persecución de Ramírez, que se sacrifica en ese trance por la Delfina, la mujer que lo ha seguido "en todas las correrías". Pero esta vez ella flaquea: "Aunque moza de avería", se dice, "al fin es mujer, la pobre". Los perseguidores bolean el caballo de la Delfina, y en una demostración de "baquía en la fibra" el supremo entrerriano la agarra en el aire y la deposita en el anca del caballo de un "compañero", para encarar acto seguido a los perseguidores. Son cuatro contra uno. Lo matan de "un tiro de carabina" y "le cortan / sin dilación la cabeza". Ahí empieza la historia propiamente dicha de "semejante achura". Las representaciones de degüellos suelen ser precisas: "todavía y que el garguero", se detalla, "le palpitaba en el tajo". En el segundo romance, López recibe ese "presente inhumano". En fin, concluye: "Ésa es la guerra civil".

Atrás